Manuel Dopazo

“Dopazo, ó día que volvamos á Galiza,
iremos os dous diante de centos de gaiteiros
tocando a nosa gaita por todos os pobos da nosa Terra.”
(Afonso Rodríguez Castelao).


Manuel Dopazo Gontade (1882 – 1952), según su partida de nacimiento: Manuel Do Pazo Gontade, nació el 10 de mayo de 1882, exactamente a las 3 de la tarde, en la aldea de Manduas (Silleda, Pontevedra).

Hijo de Francisco Do Pazo y Dolores Gontade, labradores.
Aprendió a tocar la gaita siendo un niño, posiblemente de algún vecino.

En 1892, con tan sólo 10 años de edad se presenta a un concurso de gaitas en Santiago de Compostela, donde recibe un premio honorífico. Dos años más tarde, se llevaría el primer premio.

Cuando tiene 19 años, el cura de su parroquia le avisa de que va a ir la Guardia Civil a recrutarlo para el ejército, motivo que le lleva a emigrar junto a Margarita Perfecta Collazo, su novia. Ambos parten hacia Argentina como polizones.

A los pocos días de llegar a Argentina y tras trabajar un tiempo de lavaplatos, conoce a un representante musical y comienza a dedicarse de pleno a la gaita.

En 1906 se casa con Margarita. Tendrán 11 hijos.

Su virtuosismo con la gaita hace que pronto gane fama. Quienes le escuchan tocar dicen que tiene una afinación muy buena y que pica y requintea las notas de una forma muy personal, además de cantar y tocar al mismo tiempo.

Tocó como solista, acompañado de sus numerosos hijos. A partir de los años 40 también iría acompañado de su conjunto: Los Gaiteros de Vilaverde.

Dopazo fue requerido para tocar con el Coro Agarimos, la Coral del Centro Gallego y en gran número de entidades asturianas, gallegas y españolas en general.

Grabó numerosos discos y participó en la música de dos películas: Cándida y La calle junto a la luna.

Otra actividad en la que destacó fue en la de artesano de gaitas, oficio que aprendió en Argentina. Solía hacer punteiros de aluminio con llaves para facilitar el requinteo.

Viajó sólo una vez a Galicia, en 1923, junto a su hijo Antonio para ver a su madre.

En 1951, tras haber participado en una romería, enfermó gravemente de los pulmones y dejó de tocar. Seis meses más tarde moriría, el 28 de abril de 1952.
Sus restos descansan en el panteón de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores.

El año en que murió, todos los gaiteros que celebraron el Día de Galicia en Buenos Aires llevaron un brazalete y un crespón negro en sus gaitas como señal de admiración, respeto y duelo.

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