Letra “Leonarda” (“El mercader de Zafra”)

Letra del romance extremeño “Leonarda”, también conocido como “El mercader de Zafra”.

Leonarda
A mi padre, don Antonio, y a mi madre, doña Juana,
y por gusto de padrinos a mí me llaman Leonarda.
He llegado a quince años con regalo de mi casa.
Dispusieron de casarme con un mercader de Zafra.
Y yo los he respondido que no me traten de nada,
que soy muy pequeña y niña, muy pequeñita y muchacha
y tengo mis ojos puestos y entregadita mi alma
en el más bizarro mozo que pasea la Atalaya;
toda la noche le tengo centinela a mi ventana.

El mercader que lo supo, salió una noche de Zafra
para matar a mi amor, según la intención llevaba.
Y yo, como leona herida, y yo, como leona brava,
me puse un vestido de hombre, un ceñidor con dos bandas,
con mi caballo ligero me eché por la puerta falsa.

Él corría a rienda suelta, él corría que volaba,
y di vuelta a la ciudad y no pude encontrar nada.
Al fin le vine a encontrar a la puerta de mi casa.
Le tiré un carabinazo que a Dios entregó su alma.

Desde allí me fui a Llerena, sin reconocer ventaja.
Allí me puse a servir con don Pedro Nieto Llama,
para comprar y vender todo lo que me entregaba.
Al punto me hizo un vestido de damasco de Granada,
que todas cuantas me veían quedan de mí enamoradas.
Hasta la propia señora queda de mí enamorada.

Estando un día de siesta, recogidita en mi cama,
vi en mi sala una sombra que para mí se acercaba.
Le enseñé mi pecho blanco, que al verle se embelesaba.
Se me ponen las mejillas como rosas encarnadas.
Con la soga de un caldero me eché por una ventana.

De allí me fui a Badajoz, sin reconocer ventaja,
y cogí catorce ingleses que de mí se embelesaban.
De que me ven tan valiente, por capitán me nombraban.
Ya camina el regimiento, ya camina para Zafra.
Para ver los míos padres, que es cosa muy deseada,
he pedido alojamiento de alojamiento en mi casa.

Estando un día comiendo, la patrona me miraba:
-¿Qué me mira usted, patrona, qué me mira usted a la cara?
-¿Qué quiere usted que le mire, que le mire yo a la cara?
que esos dos hermosos ojos son de mi hija Leonarda.
-Esa mujer que usted dice en Badajoz fue nombrada.
Se cayó la madre al suelo de triste y desconsolada.
-Levante la madre mía, levante la madre amada:
-Dígame, ¿don Alonso, don Alonso, dónde para?
-Don Alonso se metió predicador en la Mata.
-Siete años serví al Rey, siete sin ser en campaña,
siete me he de meter monja al convento de Santa Clara.
-¡Oh! quién lo hubiera sabido que eras tan linda muchacha…
No te hubieras tú venido con tanta honra a mi casa.

Ya camina el regimiento, caminan para llevarla
a meterla en un convento. Tiran tiros y descargas.

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